El japonés contemporáneo de Netflix

La cultura japonesa es fascinante, nadie puede poner eso en duda. Allí donde hay un oficio, una rutina o un grupo social, la cultura japonesa crea un arte. Todo es arte en la cultura japonesa. Un ejemplo es el kintsugi, el arte de reparar objetos rotos y dejarlos más bellos que cuando se rompieron. En este post me gustaría comentar la oportunidad que tenemos, gracias a dos nuevas series de Netflix, de acercarnos a tan maravillosa cultura.

Pero Rafa, no serás un flipado del japonés…

Me gusta el anime, si, me gusta muchísimo, pero no siempre ha sido así. Mi acercamiento definitivo a este tipo de series de animación fue hace pocos años, investigando películas como Viaje a Agartha, peli de la que hablé en mi post sobre 5 películas de animación para diseñadores, en las que el color y la luz son sencillamente fascinantes. Más tarde, devoré como una bestia la serie completa de Naruto. Digo esto para que no me toméis como un tipo otaku que anda como loco por la cultura japonesa. Para mí, lo valioso de su forma de vivir, es el ritmo.

Todo es cuestión de ritmo. En la cultura andaluza a la que pertenezco, aunque desenfadada, prima el bullicio, el jaleo, la jarana. Ojo, y me encanta. Sin embargo, soy una persona tranquila, lo que hace que otras culturas con sangre menos caliente que la nuestra me produzcan subyugación.

Pero vamos al grano.

Samuri Gourmet

Netflix puso en su catálogo hace meses una serie basada en un manga llamado Samurai Gourmet. El protagonista es un señor jubilado que no sabe qué hacer con su vida, de manera que cuando su esposa lo manda a recados, aprovecha para darse un placer gastronómico en diferentes bares, cafeterías, braserías…

Samuari Gourmet on Netflix

En cada capítulo, el adorable protagonista (ya que es mitad señor, mitad niño) presencia o recuerda situaciones importantes para cultura japonesa, como el deshonor, los modales, los recuerdos de la infancia, la forma de comer un plato… Cuando la situación le supera, traslada el problema la época Edo del japón feudal, e introduce en la escena un samurai (que más bien parece un ronin) que, haciendo gala de personalidad guerrera, resuelve el bloqueo en la mente del protagonista.

Samuari Gourmet on Netflix

A parte de apreciar los platos y la forma de cocinar tradicional japonesa en 4k, esta serie te enseña cómo son la vida, cultura y preocupaciones de los japoneses, sobre todo desde un punto de vista tradicional. Japón es el país avanzado del mundo, pero de eso solo hace décadas. La relación entre cultura ancestral y ultratecnología es complicada, pero por lo que veo en series y sin haber estado allí, lo llevan bastante bien.

Samuari Gourmet on Netflix

Si te gusta la comida, la cultura tradicional, o simplemente quieres ver a un señor adorable disfrutando como un loco por beber cerveza a las tres de la tarde, no te pierdas esta miniserie de solo 12 capítulos a 20 minutos el episodio.

Dad of Light

Si has estado cerca de alguien amante de los videojuegos (o mejor aún, has sido un amante de videojuegos) desde hace décadas, la saga Final Fantasy te debe sonar. Cada entrega es una epopeya imaginaria basada en rol con una historia hermosa y super épica detrás. Esto es justo lo que necesitaba el padre de Akio, el protagonista Dad of Light.

Dad of light on Netflix

En esta serie puedes conocer otra cara de la cultura japonesa, más seria y por tanto menos presente en Samurai Gourmet. Trata del honor, el trabajo, la disciplina, la constancia… vamos, todas esas herramientas que hacen, como he dicho al principio, que cada cosa que hagan los nipones sea un arte. Pero también habla de la frialdad interfamiliar de la cultura japones, en la que el padre es la autoridad legal y moral y nadie cuestiona su voluntad, pero tampoco nadie puede comprender. La falta de comunicación entre padre e hijo se resuelve gracias a los videojuegos.

Dad of light on Netflix

El caso de este señor es parecido a la otra serie: es un ejecutivo japonés prejubilado que no sabe qué hacer con su vida. Su hijo, que es un friki de los que se crean personajes femeninos en los juegos, le regala una PS4 con el Final Fantasy XIV, que se juega online. La movida es que Akio se propone llegar al final boss del juego con su padre sin que éste sepa su verdadera identidad. De forma paralela, cuenta la historia del joven empresario junior que se enfrenta a situaciones laborales peculiares (en España sería irreales y absurdas).

Dad of light on Netflix

Lo valioso de esta serie, es que muestra muy bien a los gamers de juegos de rol que literalmente tienen que llevar una doble vida para superar los mayores retos del juego. Este aspecto, combinado con la personalidad tradicional del padre, produce situaciones muy divertidas, como cuando llega con su personaje a un mapa nevado, y deja de jugar porque le da vergüenza no tener un abrigo como los demás personajes. Lo más importante es que el hijo, finalmente (y usando un personaje femenino como máscara) puede hablar libremente con su padre como si fuera su amigo, es decir, su igual.

Sin embargo, y sin que sirva de espoiler, la serie muestra cómo esa forma tradicional de pensar se acopla muy bien a los objetivos del juego, poniendo en evidencia que entre el japón tradicional y el ultratecnológico solo hay diferencias formales, no esenciales. Al fin y al cabo, una cultura nació de otra.

El ritmo, el ritmo…

Lo que tienen en común ambas series, es el ritmo japonés, pausado y centrado en los detalles. Si has visto manga, o has contado alguna vez el famoso chiste de Dani Mateo sobre el campo curvo de Oliver y Benji, sabes de la exageración, y muchas veces estaticidad, de los audiovisuales japoneses. A veces, es desesperante, si. Te vas a encontrar mucho de esto, tanto en Dad of Light como Samuari Gourmet, con la diferencia de que no hay una exageración por falta o exceso de presupuesto en la animación. Cada cosa que hacen, cada movimiento, tiene su reflexión previa, casi no existe el impulso, y abundan las montañas hechas de granos de arena.  Pero si puedes ver estas series con ojos de documental, tal vez te haga la pregunta que me hice yo:

¿Y si me preguntara antes de dar cada paso el motivo de haberlo hecho?

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