El Primer párrafo del principio

¿Quieres saber una verdad vergonzosa?

El principio de contra·acción no es nada, o mejor dicho, no era nada. Y ahora lo es todo para mí.

Se me ocurrió un día, me hizo gracia y pensé que sonaba potente, pensé que la gente se preguntaría qué era aquello, y me imaginaba trolleandolos a todos con una explicación diferente cada vez. ¿Sabéis algo más vergonzoso? En cierto modo, no ha dejado de ser así.

Para entender su origen, hay pensar como yo pensé. Cercano al nihilismo, con ideales derrotados, alcancé un punto en que perdí mi fe por la humanidad. Entonces me dejé llevar por mis impulsos, todos ellos, ya que la curiosidad era lo único que me quedaba. Abracé lo absurdo, lo impredecible, y me enamoré de todo cuanto cambia y en cuyo cambio desprende felicidad. Amplié mi concepto de diseño de estético a aparente. Aprendí a diferenciar los tres estados: ser, estar y parecer. Los verbos transitivos más usados de todos los idiomas.

Me pregunté ¿qué pasaría si todo lo que existe, al mismo tiempo es, y al mismo tiempo parece? Entendí que las cosas tienen una asignación física, ocupan un espacio, respiran el mismo aire… pero ese común existencial se me quedaba pequeño para entender qué eran realmente las cosas. Así fue como determiné que no podía saber qué es sabiendo solo dondé está.

Fue en esa necesidad que caí en la cuenta de los verbos transitivos, y de que me faltaba uno de ellos, el cual, iba a completar mi forma de entenderlo todo. Parecer, la esencia proyectada sobre otra esencia. Las cosas no son lo que parecen, sobre todo cuando están.

Puede que éste párrafo desaparezca para siempre, vamos a dejarlo de momento. Pues fue en este momento que se me reveló la palabra del Artema, su concepto y su esplendor, y fue tan intenso y cegador como fuerte. No recuerdo el momento exacto ni el lugar, poco importa.

Una cuestión de memoria

Tengo una poderosa memoria sensorial y una patética memoria. Por eso recuerdo el artema. Del mismo modo que en el lenguaje, las palabras se forman por lexema y morfema, un artema, representa un punto de vista simple sobre algo. Punto de vista es una forma de decir percepción concreta y simple, pero tal vez punto de vista me ayude más a explicarlo: si yo diseño una silla en un programa de 3D y genero una esfera a su alrededor dividida en innumerables meridianos y paralelos y coloco una cámara de fotos en cada cruce de un meridiano y un paralelo, cada foto, sería un artema visual. Los artemas no son solo los percibidos por los sentidos, ya que es diferente un artema verbal de uno musical, y ambos son sonidos.

Y luego están los artemas complejos, es decir, la vida. Yo creo que la vida no es otra cosa que la explosión de la estancia en la esencia, y la apariencia, la consecuencia de la reproducción de esta esencia. Todos los seres vivos somos mucho más de lo que nuestro cuerpo dice de nosotros, pero nuestra imagen hacia los demás, no es sino la cara más verdadera que podemos usar.

Recuerdo un poema de Daniel S Bravo en que decía que eran más naturales las tetas de silicona que las de nacimiento, precisamente, por ser más deseadas. Porque nuestra apariencia es un instrumento de nuestra verdadera voluntad. Estamos donde queremos, parecemos lo que queremos parecer, es el ser, de entre los 3 verbos el que proyecta todo eso.

Cazar artemas

Pero eso es otra historia… éstas son simples pinceladas introductorias a mi pensamiento. De vuelta a los artemas, una vez identificados, emprendí la caza de nuevos artemas, alimentando mi curiosidad de una forma mucho más analítica que antes, mucho más líquida. Ahora podía ver con claridad cómo la esencia de las personas, en función de su lugar (una cuestión mucho más profunda sería decir: en función del lugar que ellos proyectan para sí, ya sea por inducción o por voluntad propia), de su estar, proyectaban su parecer. Éste es el primer caso de las pirámides cuyos vértices están conectados (fig 1), porque en realidad no son pirámides, sino proyecciones de un punto de luz que representa el ser, tanto si existen en el mundo material de la física, como en el artémico.

Pirámides enfrentadas - El principio de Contra·acción
Figura 1. Pirámides de vértices enfrentados

El plano artémico me lo imagino como una dimensión superpuesta a la física, pero regida por leyes diferentes. Mientras que en el plano físico las leyes de la energía atómica, eléctrica y gravitatoria lo rigen todo; en el plano artémico, la esencia tiene más capacidad de acción por medio de la voluntad. Y es que no podemos desear levitar y hacerlo en el mundo físico, pero podemos visualizarlo perfectamente en el artémico, aunque esa visión, ese artema visual, no tenga un referente real. Es por eso que la apariencia y la estancia son cosas conectadas pero diferentes. Son como dos tipos de agua, que bien pueden repelerse o mezclarse, depende de la densidad de cada una de ellas. Si una de ellas es más densa, caerá, mientras la liviana se elevará, como el agua y el aceite. Pero ¿y si la esencia transformara su voluntad en una cuchara para remover el frasco? La confusión entre física y artémica sería mucha, como en el caso de los sueños, las alucinaciones, o los sentimientos desatados.

La fórmula

Es en este punto, donde el principio de contra·acción se empieza a formular. ¿Qué son los sentimientos y por qué se desatan? Tras reflexionar e investigar, llegué a la conclusión de que los sentimientos son la consecuencia de una voluntad, como una especie de aura que acompaña la orden de nuestro corazón. Por ejemplo: yo quiero algo que no puedo tener, luego mi sentimiento será de impotencia y rabia; ahora bien, si yo tengo algo que uso a diario y cuya importancia, de la costumbre, se ha menguado (por ejemplo, acostumbrarnos al agua corriente) … y de pronto me es arrebatado, mi sentimiento será de arrepentimiento, de nostalgia y de necesidad, pues mi voluntad estaba presente siempre, solo que, la prisa de este mundo me impedía valorar y dar las gracias por todo lo que tengo, pues solo cuando lo pierdo, entiendo su valor para mi voluntad.

Éste es el primer párrafo del principio de contra·acción:

Todo se contrae en el comprendimiento, pues nuestra mente es matemática, y busca, por encima de todo, encriptar los datos que recibe para almacenarlos rápidamente y, así, poder acceder a ellos igual de rápido cuando los necesite. Esas claves de encriptado pueden ser propias o inducidas. Al inducir claves en los demás se puede conseguir alterar el procesamiento de datos y su aprehendizaje. Por último, es posible que una clave sea propia y además inducida, ya que la inducción es hacia uno mismo. Esto es lo que se llama ideal.

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